LA HOMOSEXUALIDAD Y SU EXPLICACIÓN BIOLÓGICA

Un post sobre las razones de la homosexualidad puede resultarle a muchos un tanto absurdo, y dado que ponerse en la piel de un homosexual puede resultar un tanto difícil, imagínese que usted tiene un hijo homosexual. Si usted supiera que su hijo al nacer iba a estar marcado y obligado a sufrir las críticas ajenas por su diferente orientación sexual, ¿no pensaría de otro modo? Entonces este post sí resultaría curioso. Imagínese ahora poder conocer los motivos de la homosexualidad de su hijo, ¿no le gustaría poder contárselas a todo el mundo para que comprendieran la naturaleza de su hijo y que así él pudiera vivir sin la discriminación a la que los homosexuales son sometidos? Seguramente sí, y aún más si la homosexualidad tiene unas bases biológicas bien asentadas como recientes estudios están demostrando.

El Dr. LeVay es un neurocientíco que ha estudiado y demostrado que existen diferencias en la estructura del cerebro de personas homosexuales y de personas heterosexuales. Este científico comenzó estudiando las diferencias de la estructura del cerebro de un hombre y de una mujer, pero sin tener en cuenta su orientación sexual. Encontraron que en el hipotálamo se encuentra una estructura llamada INAH3 que es generalmente más grande en el hombre que en la mujer. Se sabe, por experimentos con animales, que esta región está involucrada en la regulación del comportamiento sexual. Fue entonces cuando LeVay decidió tener en cuenta no sólo si existían diferencias entre el cerebro de un hombre y una mujer, sino también entre personas del mismo sexo con diferente orientación sexual. Lo que LeVay encontró fue que el INAH3 era más pequeño en hombres homosexuales que en los heterosexuales, muy parecida al INAH3 de las mujeres, y, por el contrario, en mujeres homosexuales en INAH3 era más grande que en mujeres heterosexuales, muy parecidas al de los hombres heterosexuales.

Pero no sólo LeVay ha reportado pruebas sobre las diferencias estructurales de los cerebros de homosexuales y heterosexuales. Una reciente investigación en el Karolinska Institute encontró, además de la diferencencia del tamaño del INAH3, que existe una diferencia entre los hemisferios cerebrales del hombre y de la mujer. Los hombres tienden a tener el hemisferio derecho un poco más grande que el izquierdo, y por el contrario, las mujeres tienen prácticamente los dos hemisferios del mismo tamaño. Lo más interesante, es que cuando se investigó con homosexuales se vio que los hombres homosexuales tienden a tener hemisferios más simétricos, como las mujeres heterosexuales; y que las mujeres homosexuales tienden a tener el hemisferio derecho más grande que el izquierdo, como los hombres heterosexuales. Esto concuerda con la idea cada vez más aceptada de que algunos aspectos de la biología de las personas homosexuales se parecen mucho a los que se encuentran en el sexo opuesto. Pero, ¿por qué estas diferencias en la estructura del cerebro?

Se sospecha que la causa de esta diferencia se encuentra en el diferente desarrollo del feto homosexual. La teoría más importante se conoce como la hipótesis del balance hormonal antes del nacimiento, que defiende que los distintos niveles de hormonas influyen de una manera u otra en el desarrollo de la estructura cerebral y, por tanto, en la orientación sexual del feto. Para comprobar esta hipótesis se han hecho experimentos con ratas en las que se han alterado los niveles hormonales normales de un feto, y se ha comprobado, que, al variar estos, las ratas tienen comportamientos homosexuales, por lo que se puede decir que un feto masculino con niveles bajos de testosterona en vez de con niveles altos, como debería de ser, harían que ese feto desarrollase una estructura cerebral más parecida a la de una mujer heterosexual y, por tanto, un comportamiento homosexual. De igual manera, fetos femeninos con altos niveles de testosterona en vez de con los habituales niveles bajos, harían que el desarrollo cerebral de la mujer se pareciese más al de un hombre heterosexual y, por tanto, desarrollaría un comportamiento homosexual. También hay que tener en cuenta la influencia genética, no afectará de igual manera un mismo nivel de hormonas a dos fetos diferentes, dependiendo de su genética a uno le puede afectar más y a otro menos, por lo que también depende de la genética de cada feto que esas hormonas afecten más o menos drásticamente en su desarrollo cerebral.

Resumiendo, podríamos decir que las personas homosexuales presentan una serie de diferencias en la estructura de su cerebro. Estas estructuras son más parecidas a las estructuras del sexo opuesto en vez de a las estructuras de su propio sexo. La causa de esta diferencia podría encontrarse en el distinto nivel de hormonas existentes en el desarrollo de un feto homosexual y en el de un feto heterosexual. Pero no sólo hay que tener en cuenta el nivel de hormonas existentes durante el desarrollo del feto, sino que también hay que tener en cuenta la genética, ya que los genes de un feto pueden hacer que estos distintos niveles de hormonas afecten o no en su desarrollo.

¿ES EL AMOR TAN SOLAMENTE QUÍMICA?

Muchas parejas se casan pensando que será el matrimonio de su vida, que serán las personas más felices del mundo durante el resto de sus vidas. Años más tarde, todo ese amor que habían sentido al casarse desaparece, y aunque se conozcan desde años se sienten extraños compartiendo su propia casa. Y se preguntan qué es lo que ha pasado, qué es lo que ha cambiado, por qué ya no sienten lo que sentían antes. Estas preguntas nos las hemos hecho todos y cada uno de nosotros, y lo volveremos a hacer más de una vez a lo largo de nuestras vidas.

Estas preguntas han llegado a interesar a científicos como la antropóloga Helen Fisher, y ha realizado experimentos de imagen cerebral para defender una definición tripartita del amor. Primero el impulso sexual indiscriminado, una fuerza autónoma que desata la búsqueda de pareja en cualquier acepción del término; luego la atracción sexual selectiva; y por último, el lazo afectivo de larga duración. Son tres procesos cerebrales distintos pero interconectados.

El impulso sexual está regulado por la testosterona en los hombres y por los estrógenos en las mujeres. Los hombres con más testosterona en la sangre tienden a practicar más sexo, pero también las mujeres suelen sentir más deseo sexual alrededor del periodo de ovulación.

La segunda fase es el amor romántico. En la mayoría de las especies el ritual de elección de pareja dura unos minutos u horas, como mucho días o semanas, sin embargo, en los humanos, esta etapa dura de 12 a 18 meses. Esto es debido a un alto nivel de dopamina en los circuitos del placer del cerebro. La dopamina es una hormona que nos proporciona placer cerebral ,y esta es la que hace que las parejas sigan juntas durante esta etapa de su vida, ya que estar juntos les produce dopamina y la dopamina placer cerebral.

La fidelidad está relacionada con la vasopremina, que es una hormona capaz de alterar el comportamiento, pero necesita acloparse a un receptor situado en las neuronas para ejercer sus efectos. Los científicos empezaron a analizar este gen en los humanos, añadiendo en sus investigaciones otro gen similar que tiene también la capacidad para evolucionar muy rápido, el del receptor de la oxitocina. Estos dos genes están relacionados con la vasopresina y la oxitocina, dos hormonas que producen placer cerebral. Cuando estas hormonas se liberan, el individuo asocia el placer al individuo con el que está manteniendo la relación, con lo que se consigue que los individuos sean fieles, ya que al estar juntos se liberan estas dos hormonas que les produce el placer cerebral.

Podríamos resumir diciendo que el amor es tan solo un conjunto de reacciones químicas producidas por unas hormonas que le proporcionan a nuestro cerebro un placer cerebral, el individuo asocia este placer al otro individuo y de aquí surge la fidelidad que los mantendrá unidos durante años.