EL SÍNDROME DE CAPGRAS

Una día, Ramachandran tuvo la oportunidad de conocer un curioso caso. Arthur, hombre de treinta años con un comportamiento tímido y casi infantil,  creía que sus padres no eran sus verdaderos padres, sino que eran impostores. Arthur había sufrido un accidente de automóvil que casi le costó la vida cuando era estudiante. Su cabeza se había estrellado contra el parabrisas con tanta fuerza que quedó en coma durante semanas, pero, cuando por fin salió del coma y comenzó una terapia de intensiva rehabilitación, comenzó a recuperar el habla, andar, recordar el pasado… En definitiva, se podría decir que recuperó la normalidad, solamente le quedaba un desvarío, y era que creía que sus padres no eran sus verdaderos padres, sino impostores que se hacían pasar por ellos. Sin embargo, cuando Arthur hablaba con sus padres por teléfono, no les trataba como a unos impostores, sino que los reconocía. Esto quería decir que Arthur no sufría amnesia, además, reconocía a todas las personas que conoció en el pasado. Lo que Arthur sufría era el síndrome de Capgras, uno de los más raros y pintorescos que conoce la neurología. Aunque este síndrome puede deberse a estados psicóticos, más de un tercio de los casos documentados de este síndrome están relacionados con lesiones traumáticas en el cerebro. Esto hace pensar que el síndrome tiene una base orgánica, pero ya que la mayoría de los pacientes lo desarrollan espontáneamente se les suele poner en manos de psiquiatras, los que les atribuyen una explicación freudiana.

Esta explicación freudiana dice que todos de niños sentimos una atracción sexual pos nuestros padres. Aunque estos sentimientos totalmente prohibidos quedan totalmente reprimidos en la edad adulta, un golpe en la cabeza puede liberar la sexualidad reprimida hacia el padre o la madre, que emerge con fuerza a la superficie. De pronto el paciente siente una inexplicable atracción sexual por sus padres, entonces se sienten extrañados, preguntándose que cómo es posible que puedan sentirse atraídos o bien por el padre o bien por la madre, y la única solución lógica que encuentran es autoconvencerse de que esa mujer u hombre no es realmente su madre o su padre, sino un impostor que se hace pasar por ellos y por eso te puedes sentir atraído sexualmente hacia ellos.

Esta es una explicación ingeniosa, pero Ramachandran se encontró una vez con un caso en el que el paciente sufría el síndrome de Capgras pero con su perro, por lo que la hipótesis es incierta. Un enfoque mejor para estudiar el síndrome de Capgras conciste en examinar más atentamente la neuroanatomía, y en concreto las rutas cerebrales relacionadas con la identificación visual y las emociones. Para entender la hipótesis de Ramachandran hay que saber que en un cerebro normal, las zonas encargadas de renocer caras retransmiten información al sistema límbico, situado en las profundidades del centro  del cerebro, que generan respuestas emocionales a rostros particulares. Cuando miramos a la cara, la corteza temporal reconoce la imagen y transmite la información de la amígdala para discernir el significado emocional de ese rostro. También debemos de saber que Arthur fue sometido a varios experimentos para comprobar que no tenía dañada su capacidad de reconocer caras ni su capacidad de experimentar emociones, pero sin embargo, sí tenía dañada la capacidad de conectar las dos cosas. Podemos pensar que es posible que Arthur todavía conserve completamente normal la ruta del reconocimiento, y por eso podía identificar a personas conocidas en el pasado, pero  la zona de reconocer caras y su amígdala habían quedado dañadas selectivamente. De ser así, Arthur reconocería a sus padres pero no experimentaría ninguna emoción al mirar sus rostros. Al ver a a sus padres, Arthur esperaba sentir alguna emoción afectiva, pero al tener dañadas las zonas anteriormente dichas, no siente ninguna emoción, lo que le lleva a suponer que aquellas personas no eran sus padres, sino unos impostores, y por eso no sentía nada al verlos. En cuanto al comportamiento de Arthur al hablar por teléfono (tratar a sus padres como si fueran realmente ellos y no impostores) se podría explicar mediante la existencia de una ruta diferente que va desde la corteza auditiva de los lóbulos temporales hasta las amígdalas,  esta ruta podría no haber quedado afectada por el accidente. De esta manera, podríamos explicar el síndrome de Arthur.

Pero, ¿qué ocurre con las personas que nacen con una enfermedad que provoca calcificación y atrofia de las amígdalas en una operación o un accidente? Una posible respuesta es que estos pacientes sufren un emobotamiento general de todas sus respuestas emocionales, y, por tanto, no tienen un criterio básico para comparar. Esta idea nos enseña un importante principio de las funciones cerebrales: que todas nuestras percepciones se basan en comparaciones, y no en valores absolutos.

Resumiendo, podíamos decir que el síndrome de Capgras está povocado por la interrupción de la conexión entre la capacidad de reconocer caras y la  capacidad de experimentar emociones, lo que le hace al paciente buscar una explicación para entender el por qué de ese cambio afectivo ante una persona determinada. Sin embargo, las personas que nacen con estas zonas ya afectadas no sufren este síndrome, ya que no sufren una interrupción en estas zonas, sino que simplemente nunca las han experimentado y no ecuentran cambios, por lo que no tienen la necesidad de buscar ninguna explicación.

Anuncios

3 comentarios en “EL SÍNDROME DE CAPGRAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s